El influjo de la rebelión

LA HERENCIA VIVA DEL CORDOBAZO EN LA SOCIEDAD CORDOBESA

Son diversas las miradas históricas sobre el Cordobazo. El papel de la izquierda, el peronismo, la rebelión ‘espontánea’ siguen siendo balanceados en cada nuevo artículo sobre nuestro mayo cordobés. Sin embargo, su influencia política atraviesa décadas de organización popular y llegan a nuestros días.

Nota publicada en la edición N° 37 del Será Justicia (Mayo 2014)

Por Alexis Oliva

cordobazo ¿Por qué no hay todavía una película sobre el Cordobazo? 45 años después, el cine  argentino  parece estar maduro como para emprender esa megaproducción, que bien podría comenzar con la escena de Agustín Tosco escribiendo en la cárcel de Rawson su Carta sobre el Cordobazo, un año después de esa rebelión popular.

“El día 29 de Mayo amanece tenso. Algunos sindicatos comienzan a abandonar las fábricas antes de las 11. A esa hora el Gobierno dispone que el transporte abandone el casco céntrico. Los trabajadores de Luz y Fuerza de la Administración Central, pretenden organizar un acto a la altura de Rioja y Gral. Paz y son atacados con bombas de gases. Es una vez más la represión en marcha. La represión indiscriminada. La prohibición violenta del derecho de reunión, de expresión, de protesta.

“Mientras tanto, las columnas de los trabajadores de las fábricas de la industria automotriz van llegando a la  ciudad. Son todas atacadas y se intenta dispersarlas.

“El comercio cierra sus puertas y las calles se van llenando de gente. Corre la noticia de la muerte de un compañero, era Máximo Mena, del sindicato de mecánicos. Se produce el estallido popular, la rebeldía contra tantas  injusticias, contra los asesinatos, contra los atropellos. La policía retrocede. Nadie controla la situación. Es el Pueblo. Son las bases sindicales y estudiantiles, que luchan enardecidas. Todos ayudan. El apoyo total de toda la población se da tanto en el centro como en los barrios.

“Es la toma de conciencia de todos evidenciándose en las calles contra tantas prohibiciones que se plantearon” (1).

El director de esa película no debería privarse de incluir esta otra escena en la que el general Alejandro Agustín Lanusse, comandante en jefe del Ejército en tiempos del Cordobazo y presidente de facto entre marzo de 1971 y mayo de 1973, dicta estas palabras para un libro de memorias, ya durante otra dictadura con la que discreparía respecto de su método de secuestro, tortura, muerte y desaparición:

“Estoy totalmente seguro de que eso estuvo lejos de ser obra exclusiva de la subversión. Los elementos subversivos actuaron y, en algún momento, marcaron el ritmo. Pero en la calle se veía el descontento de toda la gente. Por lo que pude ver y escuchar, así como por lo que vieron y escucharon los jefes y oficiales de la guarnición, puedo decirle que fue la población de Córdoba, en forma activa o pasiva, la que demostró que estaba en contra del Gobierno Nacional en general, y del Gobierno Provincial en particular” (2).

Hay un acuerdo en las palabras de estos actores, tan principales como antagónicos: la rebelión de 1969 tuvo fundamentos políticos y un masivo apoyo popular.

La autodenominada  ‘Revolución Argentina’, encabezada por el general Juan Carlos Onganía, había desalojado del poder al presidente democrático radical Arturo Humberto Illia, el 28 de junio de 1966. La inspiración mística del catolicismo conservador y la influencia terrenal de la estadounidense Escuela de las Américas nutrieron su obsesión contra sus comunes enemigos: la ‘subversión marxista’ y el peronismo. Esa dictadura decía tener “objetivos, no plazos”, pero el Cordobazo le puso fecha de vencimiento.

Su extensa lista de motivaciones –la represión a obreros y estudiantes, la proscripción del peronismo, la persecución a los sindicatos clasistas, el plan económico ultraliberal y monopolista, la censura cultural– brindan elementos de sobra para alimentar un nutrido casting de ‘guionistas’ que aportan sus visiones a la comprensión del acontecimiento.

EL CALIDOSCOPIO HISTÓRICO

Para la historiadora Mónica Gordillo, los hechos que desembocaron en el Cordobazo se explican en el contexto de “una cultura política que apuntaba a la resistencia y oposición dentro de una sociedad fuertemente dualizada y con marcados tintes autoritarios. Esa cultura se había nutrido, fundamentalmente, de la proscripción del peronismo y de la mística del exilio pero, también, de todas las nuevas corrientes que desde la izquierda comenzaron a cuestionar los paradigmas establecidos”. Entre ellas, “las corrientes de la izquierda sindical –cristalizadas fundamentalmente en el Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, en distintas agrupaciones internas dentro de los sindicatos estudiantes y luego en la CGT de los Argentinos– que aparecían como anti-burocráticas”, señala la autora de Córdoba en los 60 (3).

Y continúa: “Es un fenómeno que está mucho más relacionado con el peronismo que lo que la izquierda y el mismo peronismo suelen reivindicar. Pero la movilización del 29 y 30 de mayo aparece también, en tanto movimiento contestatario de una importante magnitud, como precipitador de otras tendencias –por ejemplo– la de la lucha armada”.

Abogado laboralista y participante de los sucesos de mayo del 69, Lucio Garzón Maceda afirma que el Cordobazo fue “la respuesta de los trabajadores organizados al plan de (el entonces ministro de Economía Adalbert) Krieger Vasena y Onganía, en rechazo, con violencia, a una dictadura que proscribía las mayorías, violencia mayúscula  contra el pueblo. (…) Esa clase obrera, joven, moderna, industrial, principalmente peronista, es la que sale a la calle en rechazo a las proscripciones políticas y la defensa de las conquistas sociales” (4).

Sobre las interpretaciones posteriores, Garzón Maceda plantea: “El Ejército fue el gran ‘recuperador’ al lograr desnaturalizar  el profundo sentido anti-dictatorial, democrático y anti-proscriptivo de la rebelión. A los servicios de inteligencia y a los Estados Unidos no les molestaban los anuncios socialistas: les preocupaba que los peronistas se rebelaran pidiendo elecciones, que implicaban el retorno de Perón (…) El objetivo era restar protagonismo a los trabajadores y conducciones peronistas, apuntando fundamentalmente a desprestigiar y quebrar al líder indiscutido del Cordobazo, un excelente e inteligente dirigente peronista, Elpidio Torres (entonces secretario general del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor – Smata)” (5).

Pero el historiador y periodista Silverio Enrique Escudero observa que esa actitud combativa no era compartida por los dirigentes del partido proscripto: “Luz y Fuerza, Smata y la Unión Tranviarios Automotor  fueron los gremios que cargaron sobre sus espaldas la organización del paro activo. Fue una negociación trabajosa. En un momento parece que todo zozobrará. Agustín Tosco, Atilio López, Elpidio Torres y el gráfico Juan Malvar se pronuncian por el paro activo. Los acompañan en la decisión Carlos Borelli y Héctor Castro. Las presiones del peronismo, estrechamente ligado al gobierno, son múltiples. Sus más conspicuos dirigentes se inclinan por un paro dominguero” (6).

Al mismo tiempo, Escudero destaca la participación de militantes del radicalismo, que tenía “cuentas por cobrar (derrocamiento de Arturo Illia, ‘azules y colorados’, etc.). El domingo anterior, en un congreso en la clandestinidad, había aprobado un fuerte documento redactado por Miguel Molinero, Ramón Mestre, Alfredo Orgaz y Medardo Ávila Vásquez: «La revolución la haremos, decía en su parte final, con, sin o contra los militares»”.

Según Enrique Lacolla, escritor, periodista y analista político, la rebelión del 69 fue “parte de una serie de luchas nacionales que intentaron poner al país de pie según las necesidades del grueso de su población y de la conexión necesaria en que ésta se encuentra respecto de los otros pueblos de la Patria Grande”, proyecto que hoy se expresa en “una recuperación nacional enriquecida por una mayor conciencia latinoamericana” (7).

Desde esa perspectiva, Lacolla propone: “El Cordobazo debe leerse como un peldaño en una escala que, lamentablemente, no es siempre ascendente. El 17 de Octubre de 1945, el 29 de Mayo de 1969 y el 20 y 21 de diciembre de 2001 forman parte de una misma cadena, que expresa la lucha de las mayorías por contar en la definición de un proyecto de desarrollo que las involucre. Por desgracia también es cierto que el 16 de Septiembre de 1955, el 28 de Junio de 1966 y el 24 de Marzo de 1976, el péndulo osciló para la otra parte y que el frenazo que supusieron esos episodios paralizó o incluso destruyó mucho de lo trabajosamente conquistado durante los períodos positivos de nuestra historia. Vigilar que esos retrocesos no se repitan es el objetivo primario que debe tener cualquier evaluación de las circunstancias en que se encuentra el país”.

LA HERENCIA INTERRUMPIDA

Más allá del peso que el Cordobazo tiene en el imaginario colectivo de los cordobeses, en su legado tangible se inscriben la gravitación que –con sus diversos altibajos y variantes– aún poseen los sindicatos en la vida pública local, la vitalidad política y cultural de la comunidad universitaria y la tradición organizativa y solidaria que subsiste en los barrios cuya población participó activamente de aquella rebelión. El influjo del Cordobazo marcó incluso un hecho institucional: el acceso de la izquierda peronista al Gobierno de Córdoba en 1973. En la mayoría de las provincias donde la ‘tendencia revolucionaria’ se quedó con la gobernación –Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Salta y Santa Cruz– el ala derecha del partido impuso al vicegobernador para contrapesar la fórmula de candidatos. Menos en Córdoba, donde la figura de Atilio López estaba tan identificada con el peronismo combativo como la de Obregón Cano, y la derecha debió conformarse con la Municipalidad capitalina.

Por el contrario, hoy Córdoba es un bastión del peronismo conservador, gobernado desde 1998 por un delasotismo que no desentonó demasiado con el liberalismo económico de las administraciones radicales anteriores, pero que en lo político ha dado frecuentes muestras de autoritarismo, intolerancia, vocación represiva y desprecio por los derechos humanos.

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

1) Los citados y otros pasajes de la Carta sobre el Cordobazo, escrita por Tosco en la cárcel de Rawson, Chubut, aparecen en varios sitios de internet erróneamente atribuidos a Rodolfo Walsh y el periódico de la CGT de los Argentinos.

2) Alejandro Agustín Lanusse. Mi testimonio, Buenos Aires, Editorial Lasserre, 1977.

3) Mónica Gordillo. Córdoba en los 60 – La experiencia del sindicalismo combativo, Dirección General de Publicaciones de la UNC, 1996.

4) “Al Cordobazo lo hicieron, en un 80 por ciento, los trabajadores peronistas”. Entrevista de Ana Salamone y Miguel Apontes a Lucio Garzón Maceda, en revista El Avión Negro, Nº , abril de 2010.

5) Al declarar en el juicio La Perla – La Ribera el 21 de mayo de 2013, Garzón Maceda reiteró esa hipótesis: “Pasado el Cordobazo, los servicios de Inteligencia del Ejército llegaron a la conclusión de que nunca más en este país debía haber una protesta popular dirigida por un peronista, porque eso aseguraba el éxito de la rebelión y ponía en riesgo el orden  constituido. Era más enemigo un peronista combativo dirigiendo Luz y Fuerza, que un dirigente de otra ideología. Por eso, el hombre a batir indudablemente era Tomás Di Toffino”.

6) Silverio Enrique Escudero. El 29 de mayo, en  diario Comercio y Justicia, 27 de mayo de 20009.

7) A 40 años del Cordobazo, extraído del sitio web Perspectivas, de Enrique Lacolla (www.enriquelacolla. com),28 de mayo de 2008.